
Lugares · Madrid
Cercedilla: donde Madrid aprendió a andar por el monte
Un pueblo de sierra con estación de Cercanías, un valle de pinares con calzada romana y los Siete Picos de guardianes. La puerta clásica de la Sierra de Guadarrama sigue siendo la mejor primera montaña — y la mejor número cien.
Todas las tradiciones montañeras tienen un kilómetro cero. El de Madrid está en Cercedilla: el pueblo serrano al que se llega en tren de Cercanías desde la ciudad, donde el asfalto se acaba en un valle de pinos silvestres — la Fuenfría — y donde varias generaciones de madrileños se calzaron las primeras botas. Que la puerta de un parque nacional tenga estación de tren es un lujo que Madrid trata con sospechosa naturalidad.
El valle que lo enseña todo
La Fuenfría es un aula de montaña: pinares altos, praderas, y una red de sendas señalizadas para cualquier nivel. La joya histórica es la calzada romana que cruza el valle camino del puerto — dos mil años de caminantes antes de que existiera la palabra senderismo — y los miradores de los poetas, asomados al valle, recuerdan que esta sierra la pusieron por escrito antes de ponerla en mapas.
Siete Picos y el camino con nombre propio
Sobre el valle dentella el horizonte la cresta de los Siete Picos, la silueta más reconocible de esta parte de la sierra y una de las travesías favoritas de Madrid. Y de Cercedilla sale también el Camino Schmid, el sendero clásico marcado a principios del siglo XX que enlaza la Fuenfría con Navacerrada entre pinares — probablemente la ruta con más historia del montañismo madrileño, y aún hoy una de las más bellas.
Cuatro estaciones, un tren
En verano, la Fuenfría da sombra y fresco cuando la capital arde. En otoño, el pinar huele a lluvia y el valle se vacía. El invierno trae nieve pisable con raquetas en las cotas altas. Y la primavera lo estrena todo. La logística no cambia: tren a Cercedilla, botas, y el valle empieza a diez minutos de la estación. Pocas grandes ciudades del mundo pueden decir algo parecido.
La lección de Cercedilla
No hace falta épica para hacer montaña: hace falta constancia, un valle generoso y un transporte que te acerque. Cercedilla lleva un siglo demostrándolo — por eso la primera montaña de tanta gente fue esta, y por eso se vuelve.
El monte empieza donde termina el andén. no te limites.
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