Lugares · Los Angeles
El cementerio que se volvió el venue favorito de LA: Hollywood Forever
Cuatro mil personas de picnic en un jardín entre mausoleos, una película proyectada sobre un muro de mármol y un siglo de historia del cine enterrado a unos metros. Cómo un cementerio en quiebra sobre Santa Monica Boulevard se convirtió en el lugar más Los Ángeles del planeta.
Hay un momento, los sábados de verano por la noche sobre Santa Monica Boulevard, en que la fila afuera de un cementerio da vuelta a la cuadra: cobijas, hieleras, sillitas plegables, alguien cargando una tabla de quesos con orgullo visible. Van al cine. El cine resulta estar adentro del Hollywood Forever Cemetery, proyectado sobre el muro de mármol blanco de un mausoleo, y a nadie en la fila le parece raro ya. Esa normalización tomó ciento veinte años, y es una de las mejores historias de Los Ángeles.
Más viejo que Hollywood mismo
El cementerio abrió en 1899, antes de que la industria del cine existiera aquí — Hollywood era campo, y este era simplemente el lugar donde el pueblo joven enterraba a sus muertos. Luego llegaron las películas y crecieron literalmente al lado: el lote de estudios de Paramount está sobre terreno que alguna vez perteneció a la parte sur del cementerio. Cuando la industria explotó, el cementerio se volvió su memoria. La generación fundadora del cine americano se instaló para la eternidad — de fundadores de estudios a ídolos de matiné, con la cripta de Rodolfo Valentino atrayendo dolientes y visitantes misteriosos durante un siglo — y generaciones de estrellas siguieron, haciendo del lugar un quién es quién de todo lo que Hollywood produjo.
Declive, rescate y un segundo acto muy LA
Para los años noventa el lugar había caído en el abandono y la ruina financiera — una vergüenza sentada sobre la historia de la industria. El rescate llegó en 1998, cuando nuevos dueños compraron los terrenos, los restauraron y rebautizaron el lugar como Hollywood Forever, con una apuesta que sonaba casi escandalosa: un cementerio podía ser parte de la ciudad viva. La apuesta pagó en 2002, cuando un joven cinéfilo llamado John Wyatt, buscando dónde proyectar películas para su club de cine, proyectó Extraños en un tren de Hitchcock contra el muro de un mausoleo para unos ochenta amigos. La siguiente función juntó a mil personas. Había nacido Cinespia.
El jardín que se volvió ritual
Más de dos décadas después, las funciones sabatinas de Cinespia corren de mayo a septiembre y llenan el gran jardín con hasta cuatro mil personas de picnic por noche — más de seiscientas cincuenta películas proyectadas para más de un millón de personas, DJ antes y después, el letrero de Hollywood asomando sobre los árboles. El cementerio también recibe conciertos, y su celebración anual de Día de Muertos es de las más grandes al norte de México, un día entero de altares, cempasúchil y danza que trata al cementerio como la tradición mexicana siempre lo ha hecho: como un lugar donde vivos y muertos comparten la fiesta. Los peregrinos del punk, mientras tanto, llegan todo el año a dejar plumillas de guitarra en la estatua conmemorativa de Johnny Ramone.
Por qué importa este lugar
Toda ciudad negocia con sus muertos; Los Ángeles los invitó a la función. Hollywood Forever funciona porque rechaza la falsa disyuntiva entre reverencia y vida — las películas se eligen con amor, los jardines se mantienen hermosos, y la industria ahí enterrada recibe cada semana una audiencia más grande que la que muchas de sus películas tuvieron en su día. Es ese venue raro que hace a la ciudad más ella misma: glamorosa y mórbida, comunal y cinematográfica, sagrada y ligeramente absurda, todo en el mismo jardín.
Cuando corren los créditos y cuatro mil personas doblan sus cobijas en la oscuridad entre las tumbas, entiendes la ciudad un poco mejor. Ve antes de que acabe el verano. no te limites.
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