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El Belly Up: cincuenta años de música en una carpa Quonset de la Segunda Guerra
Un contador titulado que se negó a ser contador, un edificio militar de techo curvo comprado de saldo y un nombre elegido para retar a todos los que dijeron que fracasaría. Cómo una taberna de Solana Beach se volvió una de las grandes salas chicas de Estados Unidos.
En Cedros Avenue, en Solana Beach, media cuadra de boutiques de diseño termina en una media luna de acero corrugado. El edificio es una carpa Quonset — uno de esos refugios prefabricados de techo en arco que la Marina de Estados Unidos produjo en masa durante la Segunda Guerra Mundial — y desde hace más de cincuenta años es el Belly Up, la sala donde San Diego va a pararse cerca de bandas que normalmente tocan en lugares mucho más grandes.
El contador que no fue
La historia fundacional es un pequeño acto de rebeldía. Dave Hodges se tituló en contaduría por la Universidad de San Diego, hizo entrevistas con los despachos y llegó a una conclusión que repetiría por décadas: no quería ser contador. Lo que él y un amigo de la preparatoria sí querían era un buen bar, cosa que el Oceanside de la época no podía ofrecer. Así que Hodges abrió el suyo — el 28 de septiembre de 1974, el día de su cumpleaños — con su socio Greg Gilholm, dentro de la vieja carpa de Cedros. El nombre fue un desafío a los escépticos: todos los que predijeron que el lugar se iría a la quiebra — belly up, en inglés — tuvieron que leer la frase en el letrero para siempre.
Primero cáscaras de cacahuate, después leyendas
El Belly Up Tavern original no era una sala de conciertos en absoluto. Hodges lo modeló sobre Joe Jost's, el legendario bar de Long Beach de 1924: mesas de billar, comida de barra, cáscaras de cacahuate en el piso, motociclistas entrando desde la carretera costera. La música en vivo llegó por necesidad — los competidores nuevos programaban bandas siete noches por semana y, como cuenta la historia de la casa, el Belly Up giró para sobrevivir. El primer show en vivo llegó en febrero de 1976, sobre un escenario construido ese mismo año con materiales reciclados. Entonces el promotor de blues Steve Brigotti empezó a hacer llamadas, y de pronto North County recibía a John Lee Hooker, Etta James y Lightnin' Hopkins bajo un techo militar curvo.
La sala que creció sin dejar de ser chica
Esa es la paradoja que hizo importante al Belly Up: creció hasta ser un venue de 7,500 pies cuadrados sin dejar nunca de ser un bar de barrio en un edificio de saldo de la Marina. La lista de honor incluye ya unos treinta miembros del Salón de la Fama del Rock — Etta James, los Red Hot Chili Peppers, Lady Gaga, Snoop Dogg y, sí, los Rolling Stones. Artistas que podrían agotar arenas siguen regresando por la misma razón que el público: en una carpa Quonset no existe el lejos del escenario.
Cincuenta años y contando
Hodges vendió en julio de 2003 a Steve Goldberg y Phil Berkowitz, que quitaron el 'Tavern' del nombre y conservaron todo lo que importaba. En septiembre de 2024 la sala cumplió cincuenta años, celebrados con autoridades de la ciudad y con la estrella local Jason Mraz en el edificio. Hoy el Belly Up programa shows casi todas las noches — boletos por AXS — y sigue siendo la respuesta fija a una buena pregunta: ¿cuál es la mejor sala del gran San Diego para de verdad escuchar música? Un medio tubo de acero en Solana Beach, bautizado en honor al fracaso, que nunca fracasó. Párate una vez bajo la curva y lo vas a entender. no te limites.
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